Mis consecuencias del vladivideo

Trabajaba en Frecuencia Latina como practicante del programa Magaly TV, apenas había egresado del Instituto y mi primer contacto con el mundo periodístico tuvo que ver con ampays y bataclanas. En ese entonces la administración estaba en manos de los hermanos Mendel y Samuel Winter, tenía 19 años y la política me importaba menos que el último escándalo de los cómicos ambulantes.

Mis funciones no eran muy específicas, los practicantes hacíamos de todo, desde pautear cintas, hasta alimentar a los peces de la escenografía, pasando por recoger el vestuario de la conductora, aunque varias veces me atreví a editar sola el bloque internacional.

La tarde del 14 de setiembre del 2000 estaba muy apurada, no recuerdo qué temas habían en particular, pero sí que esa tarde estaba muy apretada y cualquier cosa que haya ocurrido pasó desapercibido. Además tampoco hubiese entendido la magnitud de lo que se venía, para mí las noticias eran los peloteros borrachos y las bailarinas ligeras.

Pero a medida que pasaban los días ya lo iba comprendiendo, y el temor en los rostros de los periodistas del canal hacían la situación mucho más evidente. “Cuando venga Baruch” se volvió una advertencia muy recurrente, especialmente después de que recuperara su fábrica de colchones.

El programa de Magaly tampoco se libraba de esta advertencia, así que el 5 de diciembre del año 2000, casi 3 meses después de la emisión del vladivideo Kouri – Montesinos, se realizó el último programa.

Ese día se nos permitió ingresar al canal, pero las oficinas del programa estaban cerradas mientras un grupo de fiscales hacía una rápida inspección. Los reporteros, algo tristes, se hacían bromas entre ellos para levantarse el ánimo, incluso no faltó alguno que sugirió sacar al aire todos esos ampays de alto calibre que por decoro el programa no se atrevió a emitir. Una vez que las inspecciones terminaron, pudimos continuar con nuestras labores, que se reducían a guardar nuestros objetos personales y a despedirnos de los compañeros. Al día siguiente ya no teníamos trabajo.

Yo no sabía nada antes del 14 de setiembre del 2000, todo lo que tenía que saber lo aprendí de golpe una vez que me quedé en la calle. Podría parecer que las consecuencias de la emisión del vladivideo no me fueron alentadoras, sin embargo lo agradezco, quién sabe dónde estaría ahora de no ser porque ese día nos quitaron las vendas de los ojos.

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