Papá Noel y Mamá Noela sí existen: una historia de Navidad

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Era 1988, mi familia y yo estábamos terminando de embalar nuestras pertenencias para regresar a Lima luego de vivir un año en Trujillo. Como mi papá fue militar, nos cambiábamos constantemente de provincia y ya nos habíamos acostumbrado a pasar fiestas en medio de las mudanzas.

Era una noche especial, ya casi todo estaba en cajas, no había árbol, ni adornos, ni nacimiento,  ningún signo navideño, pero igual mi mamá se había esmerado en hacer una pequeña cena para los cinco.

Como éramos muy niños, cenamos temprano y nos mandaron a dormir antes de medianoche. Cuando ya estábamos en la escalera, mi hermano Andrés y yo nos detuvimos unos instantes y le dijimos a nuestros padres que cuando llegara Papá Noel, nos regale nuestros juguetes favoritos. No recuerdo cuáles eran, pero sí que nunca antes de ese momento, les había mencionado que quería eso en particular para Navidad.

Al día siguiente nos despertamos exaltados y bajamos en pijama, corriendo y resbalándonos con las medias en el lustroso piso de parqué. De verdad creíamos en Papá Noel, así que no tenía ninguna duda de que me había traído lo que le había pedido. Y efectivamente así fue. Mi juguete, de la noche a la mañana, estaba allí. Felicidad.

Con el tiempo, fui entendiendo que Papá Noel solo era uno más de los tantos personajes símbolo de la Navidad y que en realidad eran los padres quienes compraban los regalos. Además, a medida que íbamos creciendo, las reuniones navideñas familiares en las que tíos regalaban a sobrinos y nietos a abuelos, hacían más evidente que ese viejito gordo de traje rojo, pues no existía.

No obstante, ese episodio de Navidad de 1988 siempre me intrigó. Si no era Papá Noel quien tenía toooooodos los juguetes del mundo para regalar a los niños dentro de su gran bolsa roja, ¿cómo es que mis papás pudieron comprar mi regalo, ¡en solo una noche!, y sobre todo, sin saber de antemano qué era lo que yo quería?

He mantenido esa espina clavada hasta hoy, pero cuando le conté a mi madre, ella no lo recordaba. ¿Sería que veían mi carita emocionada cada vez que pasaban el comercial del juguete en la tele? ¿Sería que se daban cuenta de que me detenía a contemplarlo en la tienda cuando salíamos de compras? ¿Sería que le preguntaron a mi hermana mayor? ¿O simplemente sería que en realidad ellos eran, son y siempre serán mis mágicos Papá Noel y Mamá Noela?

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