Ya no soy como ellos

Hace poco vino a mi mente un recuerdo de mi niñez, y no había comprendido la importancia de ese episodio hasta ahora.

Debía tener uno 6 o 7 años, no estoy segura, pero era pequeña, estaba en clase de Religión y la profesora nos preguntó algo. Todos parecíamos muy interesados, menos un niño, quien, para asombro del grupo, dijo: “yo no creo en Dios”.

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Su confesión causó alarma, casi terror, en nosotros y en él. Todos lo miramos sorprendidos, molestos, y lo señalamos, lo encaramos, lo hicimos sentirse muy mal, lo hicimos llorar, y con el aval de la profesora, y él lo único qué había hecho era ejercer su derecho a no creer.

No estoy muy segura de lo que pasó después, supongo que le mandaron una nota a sus padres expresando su preocupación y pidiéndoles que pusieran más énfasis en su educación religiosa. Lo que sí recuerdo es que ese día llegué a casa y luego de que le conté a mamá lo ocurrido, ella se indignó lo mismo que la profesora.

Así crecí, creyendo en Dios, creyendo que haciéndolo era buena, y creyendo que todos los que creían eran buenos. Cumplí con los sacramentos obligados para los católicos, hice mi primera comunión, mi confirmación, y alguna vez pensé que me casaría delante de un altar. Ya no.

Resulta que estaba equivocada, cuando era niña estaba equivocada, todos los de mi salón y la profesora de Religión estaban equivocados, y me duele admitirlo, me duele escribirlo, mi madre también estaba equivocada.

No está mal creer, pero tampoco está mal no creer. Lo que está mal es estigmatizar a las personas por eso, verlas diferente, hacerlas sentir diferente, odiarlas por ser diferentes. Y yo he sentido mucho odio últimamente.

El proyecto de ley de la Unión Civil entre parejas del mismo sexo ha hecho que surjan esos odios, que surjan esos niños de mi clase de Religión que señalaron al compañerito que se atrevió a pensar diferente, y yo fui una de ellos.

No he dejado de creer, no he dejado de creer que hay “algo” más allá que me espera si soy buena y no he dejado de creer que ese “algo” actúa de forma misteriosa para que las cosas me salgan bien si soy buena. Llámalo Dios, llámalo como quieras, el nombre es lo de menos.

Lo que sí he dejado de hacer es sorprenderme, alarmarme y molestarme por los que piensan diferente. He dejado de señalarlos, de hacerlos sentir mal, de odiarlos.

Por eso, cuando leo y escucho los comentarios de quienes están en contra de la Unión Civil, la mayoría usando a Dios como excusa para justificarse, me acuerdo de ese niño de mi clase de Religión, y sonrío, porque ya no soy como ellos.

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2 thoughts on “Ya no soy como ellos

  1. Tomas B. says:

    Cuando simplificas la situación a que solo se trata de gente que piensa diferente y es intolerante es difícil no darte la razón. Discriminar es algo repudiable que sucede todo el tiempo en todas sociedades. El problema es que esta situación es mucho mucho mas compleja de como la pintas. La famosa Union Civil tiene grandes efectos económicos, efectos demográficos, incluso tiene efectos en los poderes políticos. Que no te sorprenda entonces que este tema tenga para largo puesto que hay intereses mucho mas fuertes que los que observas en la superficie
    .

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